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LA OBRA DE MARTIN ROJAS
El poder de la luz
Joaquín M. Rojas Hernández, pintor de iconismos, buscador de la luz, de las múltiples luces que están en el mundo, que
gobiernan con su energía especial, con su turbadora presencia, sin que los hombres, en muchas ocasiones, nos enteremos.
Plantea en su obra pictórica estructuras icónicas mayas, incas y aztecas, de fundamento geométrico, de cariz estructural,
dentro de un diálogo cromático, en el que la densidad es elegante, profundizando en el expresionismo matérico de la
composición.
Su obra pictórica es sutil, extraña, plasma paisajes inventados, cósmicos, de carácter ancestral, como si le dictaran
imágenes y composiciones de otros mundos.
Plantea en otras temáticas los símbolos indígenas, el poder de la fuerza de la tradición. Presenta la fuerza de lo no
cuantificable, que es luz, que conecta con el subconsciente de las civilizaciones antiguas y se proyecta en la actualidad
en la sociedad compleja que nos ha tocado vivir. También refleja imágenes de Jesucristo, religiosas, de profeta y santos,
iluminados, de seres que van más allá de la lógica, inscribiéndolas en la cotidianeidad.
Dibuja con precisión, pero sustituye su preciosismo por el trabajo abstracto de la materia o bien por la delimitación
geométrica. Pero, también tiene obra de retrato, de gran determinación, de pincel detallado y preciso, que lleva a cabo
con cuidado, tejiendo detalles con gran meticulosidad.
No trabaja para consolidar una esencia estetizante, no busca plasmar la atracción cromática plástica por si misma, sino
que la emplea en función de su desarrollo circunstancial, de su transformación de los cromatismos en verdaderos símbolos
de una creación que es autóctona. Pero como decía Joan Miró: ‘una obra local, cuando más local es, más universal se
convierte’. Así funciona también la producción pictórica de Joaquín, el gran maestro mexicano de la luz.
Buscador de espacios, indagador de parcelas que se explican por sí mismas, que se desarrollan con fuerza y determinación.
Parcelas que se decantan por inmiscuirse en mundos atropellados, pero que son energéticos y que el pintor consigue darles
la vuelta, convertirlos en positivos.
Hay cuatro fuerzas que se constatan de manera clara a lo largo de toda su producción: energía, espacio, tiempo y tierra.
La energía transforma la materia, que es la tierra, base que abandonamos para realizar nuestros viajes astrales,
meditaciones o reflexiones espirituales. El tiempo y el espacio cambian totalmente según la obra de que se trate.
Su discurso es un largo viaje a través del espacio-tiempo, buscando expresar la superación de los cánones clásicos, de la
tradición ancestral, para entroncar con la visión científica, que conecta, paradójicamente con la de las civilizaciones
indias. Templo, noción de recogimiento y de reflexión espiritual. Su creación está llena de pureza, salmos y rezos, de
chamanes y sacerdotes. Se produce una fusión de culturas, dentro de unos parámetros en los que prevalece lo autóctono,
como símbolo universal, como expresión de una verdad que entronca con todas las grandes verdades que existen en el ámbito
mundial. La gran aportación a la pintura actual del maestro Joaquín M. Rojas es haber conseguido, a partir de lo cotidiano,
ser consciente de la trascendencia, para elevarse al cosmos, diciéndole al mundo que la verdad es la libertad del individuo.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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