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LA NOCHE ESTÁ, ES CIERTO, PERO NO ES LO ÚNICO CIERTO DE LA NOCHE
(A inspiración de la marcha noviolenta de los zapatistas chiapanecos a la Ciudad de México, 12 de septiembre de l997)
I
Señor dame tu sabio consejo, dame tu cálida acogida, lámpara acompañante,
canasta de pan, cascabel del pie descalzo.
Señor dame tu viento, tu halo, tu círculo, la orilla de tu Gran Espíritu, tu fuego abuelo.
Señor Dios, Tata Dios, místico encarnado, soplo de carne, carne enamorada,
llanto de Dios que combate, que vence a la tragedia,
"porque tú eres el único que tienes poder para cumplir tus promesas".
Lleva mi mano, mi vuelo de paloma, mi aliento a tu casa, a tu morada,
a tu pequeño hacinamiento de dioses, a tu refugio anciano-anciana,
a tu voz antigua que vertebra la palabra nueva, al eco de los dioses del conjunto,
de los innumerables dioses con que te nombras y se nombra la vida.
Allí acompañame, compañero ilustre, compañera legendaria del amamantamiento
de los que somos ya cercanos, ya unidos, ya enrededor,
ya en interior en cada unO y con todos.
Mi lengua llora Madre Paternal, mi garganta solloza Padre Maternal,
mi corazón ya navega para vaciarse en tu canoa de piedra,
en tu adoración solar, ya gime, ya muerde, ya tiembla,
ya marea la sangre con que ha de cortar y girar el nuevo calendario,
el calendario que no concluye, ni gira solo, ni se pronuncia por sí mismo,
sino por el lloro y la misericordia general, por la turbulencia y la discordia general,
por la bravura y la soledad y la humillación de cada rostro, de cada corazón,
de cada rostro que gime la pelea mortal,
de cada corazón que arrostra la guerra de las flores,
la muerte acorazonada de la serpiente,
la muerte envenenada del venado,
la perversión de lo azul, de lo verde, de lo rojo, de lo blanco;
la soledad ingrata de lo negro sobre la fosforecencia real de la mirada,
la tinta fuerte y agria en las miradas,
lo amarillo de espanto, la cruz de lo oxidado,
lo arrojado del vientre, transgresión de lo morado.
II
Oigo mi corazón nahual, mi corazón indio, mi corazón maya huichol,
mi corazón iluminado de eclipse de sol, pariendo ante la luna,
una tierna humanidad inacabada,
mi dulce corazón de río, rugiendo su pasmado firmamento.
Hoy lato con el corazón de todos
soy un tambor del corazón, un tambor de la tribu, una concha de tortuga,
icotea que vibra el corazón del agua, flor del agua que gime por nacer,
soy el tambor de guerra que multitud de voces busca sin armas y sin muertes.
soy el tambor de guerra que quiere florecer estallando vida y derribando la ceniza,
con que se vomita la arrogancia,
soy el timbal y el palo ahuecado por la lluvia,
las piedras con que toca el cascabel, la sonaja de ira,
el huéhuetl de los tiempos de carrizo, llama y montaña,
los ojos humeantes con que se vertebra la palabra de sal
y se mueven las alas de la noche
¡ay! son sonajero, copal de fuego, aceite y aire,
odio donde se revuelca el corazón más valiente,
porque no es el coraje lo que nos incorpora a la nueva humanidad,
sino la humildad,
que exige el supremo deseo de no perder la propia dignidad,
ante el poder de la muerte.
III
Una temporada en el desierto,
Dios azul de astas cactáces y morenas torturadas,
y un dardo apenas relampagueante encegueciéndome de carne de venado,
vistiéndome con su piel de venado,
tambor que apenas mueve las astas que nacen de mi corazón sangrando...
Voy rodela, pájaro que danza, voy arco que tiro y me despojo, me desnudo de gris,
como ceniza que tiembla para referir un miedo que ha sido asesinado,
para proferir una vida que no ha sido aún arrebatada,
y con la piel de conejo la atrapo en mis orejas,
para evitar que el ánima-nahual también fallezca con el oscurecimiento de la luna.
Ya no serán mas tiempo indescifrables mis glifos, mis gritos en la piedra,
ya no serán ocultos, ya es tiempo de que vuelvan en sí
y comuniquen su luz por el camino de los ojos ocultos de los guardianes,
desde sus máscaras de telas de montaña,
desde la flor y el canto de los forajidos, de los insurrectos, de las corajudas,
de las mantas de batalla con que llaman de nuevo las aves,
las guacamayas, los quetzales, los pájaros carpinteros, los tucanes,
las chachalacas, las codornices, los petirrojos, los pájaros azules,
los gavilanes, las águilas, los flamingos y las garzas blancas.
Ya es tiempo, ya es tiempo del Consejo, ya es tiempo del don del pueblo,
ya es tiempo de la piedra parlante, ya es tiempo maya-zapoteca-nahoa-mexica,
ya es tiempo indio, el tiempo de sus códices sagrados,
atempera el tiempo de los ancianos y ancianas,
el tiempo del saber del pueblo, el tiempo del Popol Vuj y del Chilan Balam,
¡cruje el felino en el agua, llovizna la cascabel su danza secreta!
ya es tiempo de los códices quemados, aún no pronunciados,
ya atempera la máscara de madera frente a la máscara de metal,
la máscara de carne frente a la máscara electrónica,
ya se ennoblece, ya se enrojece, ya se cierne el tiempo del Chac y del Hurakan,
el tiempo del tapir y del jabalí, de la iguana y de la tortuga,
el tiempo de la zarigüeya y la tuza real,
del saragüato y del mono araña,
el tiempo del ocelote y del jaguar,
el tiempo del tigre maya frente a la maquinaria de la guerra.
Ya se afila el tiempo, marcha para adentro cobijándose con armas de madera,
armas desde su humilde dignidad,
marchando a la conquista de su tiempo, de su Katún de Siglos,
de su Katún de vientos, de su Katún de oración y hermandad,
de su Katún de justicia y paz, entreverada en los surcos del maíz,
del Katún del maíz, del Katún del venado, del Katún del desierto,
¡oh! hijas e hijos del desierto, hijas e hijos del maíz, hijas e hijos del venado,
apresurad el paso, venid a abrir nuestro horizonte,
con vela, con manta, con pies, con manos,
con rocío urgente de fuego y esperanza.
Ciudad de México Tenochtitlan a 12 de septiembre de 1997.
BENITO BALAM
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