CANTAR DEL CONSEJO

HORIZONTE QUE PISA AL PIE DESCALZO



A
JUAN DIEGO CUAHTLATOATZIN,
"AGUILA QUE HABLA O EL QUE HABLA INSPIRADO".
A JUAN DIEGO QUETZALCOATL,
"GEMELO DIVINO O SEMEJANTE A DIOS".
A DON SAMUEL RUIZ GARCIA, TATIC SAMUEL,
EL QUE ACOMPAÑA Y ES ACOMPAÑADO POR LOS JUAN DIEGOS DE HOY, LOS HOMBRES Y MUJERES DE MAIZ.

I

Cuando Juan Diego Quetzalcóatl escuchó el canto de aves del Tamoanchan, sus flores plumarias, su obra plumaria, brilló y cantó con él, no había vivido tal estado de salud, no había habitado estos inhóspitos lugares, pues ¿quién?, sino el ser sagrado habitaba ahí. El Dios de Juan Diego Quetzalcóatl, su animador sagrado, su gran Espíritu, lo llamaba a escalar siendo escalerilla, lo llamaba a subir estando bien abajo, lo llamaba a alcanzar la cúspide con el aliento, sólo con su estar vivo, sólo con su respiración, sólo con su olfato, sólo con el perfume, sólo con el aroma que despedía la cumbre, allá quería ascender para abajarse todo, ser nada, ser cola, lo último, allá quería subir siendo ala, vuelo, pluma que cae en lo oculto de la tierra, una plumita de ave que cae y es pisada por los pies de los hombres, por las patas de los animales, pero que es recogida por la mujer, por la niña que ama el vuelo de su corazón y se viste con las plumas pequeñitas que las avecitas tiran cuando cambian de plumas para renovar su vuelo y crecer en altura.
Así quería ser Juan Diego Quetzalcóatl, así sólo y pequeño, acompañado y pequeño, amado y pequeño, amante y pequeño, así quería caer para ser recogido, así quería enfermar para ser sanado, así quería ser victimado para ser dignificado, así quería ser cautivo para ser liberado, así quería ser olvidado para ser recordado, para ser memoria, para ser tinta roja y negra, para ser señal, para ser camino, para ser arena que cauteriza el corazón humano, que titila en la sangre y se hunde en el barro para humedecerlo, arena que arde y suaviza al pie cuando se atreve a caminar descalzo en el desierto.
El había de vestirse de lo más alto de la tierra, de la "nariz del cerrito", del Tepeyac había de vestirse, de las alturas abismales de la mística, de la unidad cósmica con lo sagrado.
Aquel muchachito, aquel niño, aquel hombre, aquel joven, aquel adolescente, aquel viejo, aquel sabio humano, aquel indio nahoa, duro, sencillo, suave, profundo, artista, artífice tolteca, el que contempla la belleza sin par de los corazones pares, de todos los verdaderos amadores de ésta tierra, asceta, intérprete, maestro de códices, formador de rostros y corazones, aquel líder, reformador, guerrero, pacificador, aquel hijo de la alianza indofranciscana, indoamericana, profeta indígena, tlamatinime, escuchador de la Palabra y del amor de la tierra, aquel escudriñador de los tiempos y de los corazones humanos, forjador de los amadores de la verdad, constructor de los vertederos de la justicia, que es igualdad de lo diverso, que es amor de los amores impares, de lo indio, de lo cristiano, del Señor Señora de la Dualidad, donde se aloja el tierno corazón de la tierra y el fiero corazón del cielo, de la Trinidad, del misericordioso y providente Jesús Maíz, Jesús Venado, Jesús Cáctus, criatura amamantada, formador de los hombres y mujeres verdaderos.
Allí tú, corazoncito de miel, corazoncito de maíz, corazoncito de calabaza, jícara cuajada, cactus del desierto, allí tú, corazoncito de la tierra, esperabas bella atmósfera, agua desierta, esperabas a Juan Diego Quetzalcóatl, lo esperabas, me esperabas, nos esperabas... ¡Oh, María Guadalupe Tonatzin Coatlicue!, Madre del Señor del Cerca y del Junto, Madre de los hijos e hijas del Maíz, Madre del Venado Tierra, Madre del Cactus Sol.

II
(Escuchando a Tribu)

¡Oh, esquinas del mundo! ¡oh, cuatro alientos del horizonte!
¡oh, llamas que cruzan el aliento! ¡oh, llamas en la voz! ¡oh, voces que llaman!
y hacen que se derrumbe el cielo sobre la tierra
¡oh, siluetas del fuego! quemazones de selva, quemazones de labranza
¡oh, arco y tiro! ¡oh, cervatana que ensarta el corazón del venado!
¡oh, llanto de venado! ¡oh, tecolote espía! ¡oh, bruma suave de la mañana!
horizonte que pisa al pie descalzo
yerba santa húmeda, rocío enviado a mi piel, frescura con que duermen mis entrañas
¡oh, llanto de la venada! ¡llanto de mi venada!
lamiendo dulcemente el costado de Cristo.
Voy camino al sacrificio, al corazón de mi venada, al corazón de mi venado
voy camino a cazar el corazón de la tierra con el corazón del cielo
voy camino al deshuesadero, a la zona de derrumbes
a la frontera del abismo, donde habita mi hermano Cristo, mi hermana Cristo
tierra venada, aire venado, águila jaguar, cruz parlante
donde el cazador es cazado, donde su cerbatana se hace flauta
donde su silbido es aliento y rugido y silencio
y otra vez rugido y grito y silencio
donde su viento destapa el oido y lo hace sordo
abierto a los aromas del copal, al olor del nahual y del chulel
voy camino del viento, camino del aire, camino del pecho, camino del vientre
voy camino del aullido, camino del llamado, camino del reposo, camino de la sangre, camino del
desierto
voy camino del vivo, camino del muerto, donde no se regresa, donde siempre se vive.
Allí en el polvo grita, en la arena se revuelca, en el carrizal se agita
allí en el viento agua deletrea su signo, señala su palabra
allí en el refugio anima y acecha, origina la oración
y en la roca apresa y desgañita
y se fija el dolor, como un color que tiñe a su Creador
se hace uno con el Animador
se hace uno con el Alentador
se hace uno con el Formador
allí adentro del agua, del polvo, de la madera
adentro del baile, del fuego que sacude y que gime
adentro de quien no sabe hablar, de quien no sabe decir lo que pasa
pues es animado en su nada
es creado en su polvo
es hablado en su mudez
es formado y forma desde su mismo polvo.
¿Quién llama? ¿quién grita? ¿quién balbucea? ¿quién está ahí? ¿quién soy?
¿quién canta? ¿quién es capaz de atraer los sonidos para sí?
¿quién por mí? ¿quién por mí de mí mismo?
¿quién? ¿quién? ¿quién?
¿quién de nosotros estoy ahí?
¿quién por tí eres tú mismo?
¿quién parte sin mí a mí?
¿quién conmigo y sin mí?
¿quién eres? ¿quién eres? ¿quién eres?.

Fallezco, muero, hundo, pudro en tierra negra
y mi sangre es color para la tierra, tributo que espera, fiesta que ansía
allí lloro, allí muelo el lamento de mi cuerpo, como una semilla de maíz
como hueso de semilla, como larva de piedra
allí se cose el silencio, se amarra el sonido
con puños de tierra en los oídos
para que se labre con vientos ese reptil alado que soy, esa cruz parlante que me nombra
para que se otorgue la llama apagada
a mí de tí, a tí de mí
la cera del lamento, la cera de la impresión, la cera de la angustia, la cera del santo sepulcro,
la cera de la renuente, de la resistente consolación de los vencidos
allí pudro mi piedra, es decir mi imagen
allí me entierro, allí me carbonizo, me encenizo
allí me hago tierra, allí me hago ala, cola, escalerilla
allí me hago barro para jarra, para olla, para flauta, para casa
allí dejo mis orejas y mis vientres y escucho y soy hallazgo y soy fértil
allí dejo mis ojos, filos de obsidiana, para buscar el tesoro a ciegas
allí de nuevo vivo y desnudo mi tristeza para ser feliz con solo escuchar lo que habita
sordamente allá adentro
aquello que se mueve sin renunciar a la muerte, porque vive en el lugar de los muertos,
sin renunciar a callarse, sin renunciar a soplar
aquello que me llama para que viva muchas muertes
y no me harte de ellas, hasta que las haga vida
¡ay qué dolor me entierra en las entrañas!
Aúllo, gruño, silbo, chillo, grito
es la mujer lagarto que está encinta, preñada de corazones que quieren darnos luz
es la mujer jaguar que devora la tierra y enmudece al mas valiente, porque quiere poseerlo como
el Dador de la Vida la posee a ella
es la mujer serpiente que penetra todo orificio con su caída de agua,
desgarrando con su castidad al corazón más enamorado
es la mujer mono que estira su máscara de madera,
para darle garganta al árbol de los cuatro vientos
es la mujer águila que aprieta al cielo para que gima y devuelva alguna estrella
a la tierra seca, endurecida, empedrada, avergonzada y lastimada
es la mujer venado liberando con su figura la pasión de la selva
es Cuauhtlatoatzin, Aguila que habla con Cuauhcíhuatl, Mujer Aguila
princesa del Omeyocan, lugar de la dualidad, reino del Padre-Madre
para prender de luces los corazones postrados y vacíos
es la mujer flor embriagando con su aroma el amor de cada día
es la mujer hombre poseyendo con su espíritu las cuevas sordas y los gritos largos
donde se fragua la alegría del misterio
es la mujer mujer, un cosmos, que se parte de madre para parir estrellas.

III

(A inspiración del mural huichol: Misterio y Viaje de los Tres Espíritus Sagrados)

Ojo del pozo, ojo de la pluma, ojo de agua, ojo de fuego, Tatecuarí, ojo del cosmos
ojo de la laguna, ojo del desierto mojado, ojo del río seco, paradero de descalzos
ojo del refugio, ojo calendárico, ojo sin ojo, ojo donde confluye la luz y se abre en plumas del
azul venado, del azul verde azulado, del peyote azul, del maíz azul, de la venada azul
¡ay, ojo del desierto! ¡ay, ojo de la piedra disecada!
¡ay, ojo de la floración solitaria, de la milpa silenciosa!
¡ay, tierrumbre! ¡ay, fogoza calcinación del camino no caminado!
¡ay, encuentro de arena e inocencia, inocente ternura vulnerada!
¡ay, virgen agraviada! ¡ay, niñita indefensa!
¡ay , miedo victimario y siniestro, caída sin sentido!
¡ay, niñita del himen desgarrado!
¡ay, tiniebla del seco gemir, del pánico rudo!
¡ay, parturienta! ¡ay, cola de venado!
escudo tepéyotl, escudo que recibe a quien pierde todo escudo
¡ay, parturienta! ¡ay, niña venado! ¡ay, escudo de serpiente!
¡ay, Coatlicue, Tatei Yurienaka, Señora de la falda de serpientes!
¡ay, Señora del amor indescriptible y crudo!
¿quién pierde y a quién pierde?
¡venado salta, escapa, huye! ágil bestia del fuego
no te dejes atrapar, no te duermas, no te turbes, no te mueras
flor estrella, venada luna, venado planta
venada espina, venado flor, venada cactus
venado estrella, ¡oh, ahí llegas! ¡oh, ahí te alejas!
cactácea aterciopelada, mujer espino, mujer desierto
dragona, serpiente alada, devoradora de excrementos
guerra abrá en el inframundo, el Mictlan incendiado, maga de la muerte
guerra abrá en el pelambre de la tierra, bruja, hechiocera de la tierra subterránea
ya abres tu tambor, tu latido de fuego, ya abres tu hechizo, tu encanto
das de amamantar conejos gemelos
y abres tus piernas de venados gemelos
es un faldellín de estrellas tu falda de serpientes
un corazón de flores tu veneno nocturno
ya llega el fuego, Tatewarí, ya quema el escudo, el estandarte que da suerte a tu figura
¡oh, Coatlicue! la del ojo del venero de sangre ¡Tatei Yurienaka!
la del ojo de las fauces que devoran
la del ojo que me mira allá dentro, la del ojo que quema mis entrañas
y tus escudos son lanzas, son gusanos de luz, gusanos de colores
con que se mueven y se enervan tus guerreros
erecciones del corazón de la tierra, flechas con que guerrean los dioses.
El campo de batalla ya cruje, ya mueve su horizonte
ya los gritos ondean, ya las ordenes se acatan
y se abren los sacrificaderos gemelos
Ometéotl abre su signo cero, su renuevo en flor, su resucitadero
ya va hablar la esperanza y se ciñe también la negrera, la estéril
la arrebatadora de esperanzas... Tlalzolteotl
Omecíhuatl y Ometecuhtli
ojo izquierdo, ojo derecho
ya miran, ya ordenan parir su guerra
Misterio y viaje de los tres espíritus sagrados
persona maíz, persona peyote, persona venado
Venado Azul, Tamatz Kallaumari, Jícuri
Vamos a la casa del venado, a Wiricota
al pie del Leunar, del cerro Quemado, del Quemadero
allí está la Señora del Jícuri, del peyote cantador, la mujer águila, la mujer alacrán
allí está el señor Venado Azul, Tamatz Kallaumari, el hombre venado, el hombre escorpión
allí pintan sus máscaras con líneas amarillas,
azules, rojas, naranjas, blancas, negras, cafes
la una con aves blancas, con alacranes naranjas, con venados verdes
con rayitas amarillas que del sol dan luz a sus cabellos
el otro con venados blancos, escorpiones blancos, flores blancas
con grecas verde amarillas para dar su radiación
sus máscaras de creación del mundo, junto a las lagartijas
junto a los anfibios y reptiles, de la tierra y del agua
junto a las aves que los cantan y las mariposas que los vuelan
junto a los espirituales de la tierra, que cuidan a cada venado
a cada planta, a cada fruto, a cada persona
Así integran su mirada, la del ojo amarillo, la del ojo blanco
y ambas alumbran con su cuidado el origen del Creador
Esta es una guerra animada por los venados
es una guerra donde cada asta de venado cuelga y desbroza
atraviesa y descubre cada cintilación de las montañas.

Y allí con ella oigo chasquidos en los tambores de mi corazón
agua en cascada, oscura, subterránea, allí me transfiguro y me derramo
allí me confundo con el humo del copal y la corriente que fluye como un silencio hermano
sangre con que camina mi conciencia
mi nahual, mi chulel, mi suerte de acompañante
silba y entona y camina con sus gotas de agua por las piedras
es mi ángel guardián, el espíritu que se me ha concedido
y camina figurando y desfigurando la realidad segura que apenas conozco.
Allí está y levanta su silencio con un juego de pelota que lleva como corazón la guerra
y como rostro la dignidad...
La máscara es el escudo, llama que ilumina el rostro olvidado
llama con que arde el coraje del rostro humillado
En el fondo del oleaje la guerra satura con su corazón todo lo que toca
y me dejo apretar por ella
trae sangre en las manos y un vientre abierto
está como mujer loca llamándome a que la toque
llamándome a que me desnude como ella y enloquezca
flamea de su vientre a mi vientre
un soplo de mariposas intangibles que encienden mi espíritu guerrero
Entonces la danza, la marcha, la lucha se hacen ramillete de paz
y mi amor a la guerra se convierte en una guerra del amor
en una guerra sin armas, en una guerra sin muerte, en una guerra sin violencia
en una guerra de hermandad y de Espíritu
Soy un soldado que camina con la paz
un guerrero que extrae su corazón para portarlo como su única arma.
Ser voz de los sin voz es apagar la propia voz, es renunciar a la propia voz
pues uno como viento, uno como tormenta
como hurakan que pasa en uno sin pedir permiso
rugiente y exigente para recuperar el aliento que gime en los demás
entonces uno ya no es uno, solo un ser traspasado por el viento del Espíritu
se hace hombre mujer de Espíritu y sus hallazgos ya no son de sí mismo
sino de como pasa y traspasa ese fuerte viento por uno y lo hace uno con su comunidad
porque su comunidad ya se lo ha comido a uno y hace de uno el pan con que se alimentan.
Bendito Dios si uno alcanza esto
y se deja someter a la conmoción del corazón de carne
que gime en sus hermanos y hermanas
Bienaventurada la muerte que me espera al ser comido por esta voz
por esta comunión, por esta unción con que me abraza el Sol con una cuchillada.

Ciudad de México
Octubre de l996.

Espejo A LA PIRAMIDE DE LA PAZ La Noche