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Poetas del Maule
FALUCHOS
PROLOGO de BERNARDO GONZÁLEZ
TALCA (CHILE), FEBRERO 2003
“Cantar es ser”
(Rilke)
Faluchos, antología esencial de la poesía maulina, intenta recoger aquellos textos que hemos
considerado clásicos - ya que han resistido, o resistirán en el caso de los más jóvenes, el
paso inexorable del tiempo y las generaciones - de 23 autores nacidos o arraigados en la región
del Maule.
Con un premio Nobel y cuatro premios nacionales de literatura, todos en el género
poesía, amén de otros reconocimientos no menos significativos, nuestra creación se instala por
derecho propio entre las producciones más señeras de la lírica nacional. En un país donde
existen destacados y abundantes poetas, originales creadores, fundadores de estilos, escuelas,
corrientes y propuestas estéticas de relevante influjo universal (creacionismo, antipoesía,
larismo, etc.) nuestros representantes mauchos han marcado fuerte presencia en el desarrollo
histórico de la poesía chilena.
Los autores de la muestra antológica que nos ocupa estimamos oportuno y necesario recoger
aquellos poemas - ya constituidos en obras de arte - que vinieran a hacer justicia a esta
indesmentible tradición, y nos ha bastado recopilar 23 textos de igual número de poetas para
demostrar la permanencia y trascendencia de voces definitivas en el concierto literario de
Chile.
Pedro Antonio González, romántico y modernista por ritmo y motivos, inaugura el presente
trabajo, dándole el vamos no sólo a la poesía maulina sino, en rigor, a la literatura nacional.
Fue el poeta de mayor relevancia en el país durante la primera década del siglo pasado, sacando
nuestro incipiente quehacer literario de la modorra colonial en la cual vegetó inocentemente
durante tantos años.
Jorge González Bastías, Jerónimo Lagos Lisboa y Max Jara, representantes del mundonovismo
hispanoamericano, cultivan un estilo leve y sincero; son considerados por la crítica de la
época como prototipos de intelectuales espontáneos y contemplativos. De versos íntimos y
profundos, se constituyeron en importantes referentes de la poesía de tono menor en el panorama
de entonces y, sorprendentemente, se mantienen incólumes hasta nuestros días.
Lamentable resulta el caso de dos nombres que abandonan en forma prematura la existencia
dejando obras que se erguían promisorias y venturosas; nos referimos a Raimundo Echeverría y
Joaquín Cifuentes, que fallecen a los 25 y 29 años respectivamente.
Figuras inconmensurables en la lírica universal moderna, como De Rokha y Neruda, consolidan
esta tradición que ahora rescatamos otorgándole una resonancia telúrica, social y holística
primordial a la poesía maulina. Es inoficioso hablar de la importancia de estos autores, por
obvio y reiterativo. Pero son nuestros y hay que mencionarlos, aunque la presencia tutelar de
ambos en los sedimentos de la lengua madre, aveces, nos abisme y abrume por su terrible
belleza, contenido y extensión.
El grupo Mandrágora, oriundo de Talca, fue otro hito fundamental en el desarrollo de nuestras
letras; corriente onírica que también logró repercusiones insospechadas. Difusores acérrimos
del surrealismo, agitadores continentales de una forma de ver, hacer, sentir y soñar tanto la
existencia como el arte, Gómez Correa y, en cierta medida, Omar Cáceres dejaron una huella
indeleble en la poesía del Maule. Dentro de este movimiento debemos incluir obligadamente al
huidobriano Eduardo Anguita, de síntesis y propuesta innovadora derivada del creacionismo,
inmerso en el devenir dialéctico del lenguaje poético como expresión superior del idioma.
Stella Corvalán es el caso de una talquina errante que recorre su propia senda con argumentos
manidos y tradicionales, pero de un fervor tan natural y sensitivo que logra conmover - por su
porfía - con textos sólidos, plenamente logrados. Aún falta, estimamos, un estudio exhaustivo
que haga justicia a esta autora.
Esencial en Chile y América en la segunda mitad del siglo pasado, que contribuye con Jorge
Teillier a la formulación y materialización de la poesía lárica, es Efraín Barquero. Creador
nato, sólido, maduro, consecuente hasta la médula, plasmó un entrañable universo maulino que ha
trascendido la temporalidad del pragmatismo vulgar y se inserta dentro de los poetas
fundamentales. Agusto Santelices, Emma Jauch, Edilberto Domarchi, Manuel Francisco Mesa Seco,
Rubén Campos Aragón y Miguel Moreno Monroy continúan y desarrollan otros matices de esta
propuesta que dignifica a los seres y las gentes del Maule, aportando a esta selección textos
verdaderamente notables.
Sin duda, Fernando Quilodrán incorpora elementos de poesía social, vastamente cultivada por
autores de la región, y Matías Rafide nos remite a la palabra hermética, sugerente y lacónica.
Ambos escritores, oriundos de Curepto, han contribuido con su esfuerzo y entrega - desde
distintas perspectivas lingüísticas - al desarrollo de las letras maulinas.
Enrique Villablanca es el paradigma del poeta olvidado, humilde, obtuso y consecuente que desde
la provincia cultiva un verso con tal sapiencia y rigurosidad que sorprenderá al lector más
desprevenido. Su muerte prematura nos ha privado de un talento crítico que pocas veces se
volverá a dar en la región.
Cierra la muestra Naín Nómez, integrante de la llamada Escuela de Santiago, quien logra
desarrollar una propuesta estética más experimental al momento de sobrevenir el golpe de Estado
de 1973; poética existencialista, urbana y versicular que va a madurar en el exilio.
La última promoción de poetas acusa disímiles raigambres, pero ha logrado recoger y proyectar
la herencia lírica de los autores precedentes, congregando en la región la expresión de
distintas voces (existencialista, lárica, vernacular, social, simbolista, hermética, etc.). Lo
anterior viene a potenciar al Maule profundo, a la maulinidad, como una reserva de la genuina
poesía hecha al amparo de lecturas clásicas y modernas; refugio del fervor, del entusiasmo, de
la imaginación y de un paisaje rústico y generoso lleno de leyendas, costumbres, astros, ríos,
pájaros, rostros amados y hondos pesares: “...la tristeza y la sequía,/ sin cuyas heridas/ el
pan no es ángel/ ni el cardo florece sus besos verdaderos”.
Con esta breve sinopsis podemos percatarnos que la validez y vigencia de muchos de nuestros
creadores es innegable, necesaria e imprescindible para entender la presencia, influjo y
permanencia de la poesía chilena en la configuración de la actual lengua castellana y, por
ende, universal. Esperamos sinceramente que, en un futuro cercano, los poetas emergentes no
antologados confirmen y prolongen con nuevos textos este devenir histórico de las letras
maulinas. Es el propósito último de esta obra. Enhorabuena.
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