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"celebra sus 30 años de creacion comprometida"

©2006
Benito Balam


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français


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Deutscher


POETAS POR LA PAZ


BENITO BALAM
POETA INDOAMERICANO


Relatos para una autobiografía.


El 28 de mayo de 1956 nací naturalmente en la Ciudad de México y recibí el nombre de José Arturo Fuentes Creollo.
El 14 de noviembre de 1976 nací poéticamente en la Península de Yucatán y adopté el nombre de Benito Balam.
He vivido en Durango, Dgo.; en la Cd. de México; en Yucatán; en California; y en León, Gto. Me he casado por dos ocasiones y tengo 1 hijo natural y 2 hijos afectivos. Estudié en la Universidad de Yucatán y en la Universidad Nacional Autónoma de México, allí me titulé como Lic. en Ciencia Política, también estudié con los Carmelitas Descalzos, con los Jesuitas y con los Mayas; últimamente en la Universidad Vasco de Quiroga de Morelia, Mich., terminé una Maestría en Psicoterapia Humanista.

He sido profesor e investigador social y humano en diferentes universidades, así como educador para la paz y los derechos humanos en diferentes comunidades urbanas y rurales e instituciones.
He escrito varios libros de poesía como Composición para el Canto Patrio, El vuelco de la Patria, La egología del sueño, La cólera del agua, Desde los siglos del Maíz Rebelde, Cantar del Consejo, Mi serena ternura.
También he escrito varios ensayos e investigaciones como La educación como un valor humano, Hacia una conciencia pluricultural de la ética, Amarás al pobre como a ti mismo, Intervenciones sociales con indígenas migrantes y Sobre la persona que soy, un camino para la autoexploración y la autoayuda.

Mi nombre Benito Balam

Mi nombre es un nombre compuesto por mis padres y por mí propia persona. No puedo nombrarme a mí mismo si no tomo en cuenta ambas fuentes de mi nombre, la de mis progenitores y la de mi propia creación.
Cuando me preguntan por mi nombre verdadero, respondo que ambos son verdaderos, ambos constituyen parte de mi ser, no estaría completo si alguno de ellos faltara. Pero no puedo dejar de preferir aquel que yo mismo escogí, y por el que me nombran la mayor parte de la gente que conozco o que me conoce, y como yo mismo me nombro espontáneamente. Representa una afirmación muy clara de quien he decidido ser, es una expresión decisiva de mi ser, por mi querer. Al nombrar mi nombre de poeta, mi ser se expresa, soy yo al nombrarme. “Poiesis” del griego quiere decir creación.
Hay un acto creador en el nombre, por él se hace manifiesta una relación con las cosas y las personas. Cuando me nombro me re-creo, eso es lo que sucedió cuando adopté un nuevo nombre, algo se re-generó en mí. La palabra que acierta a decir la propia verdad, es una palabra liberadora, porque autentifica lo que se está viviendo y como se está viviendo, añadiendo una capacidad y un dominio sobre esa parte de vida que se nombra.
Cuando la palabra que se dice es el nombre propio, el nombre como a uno le gusta ser llamado, entonces toca algo central en la persona, no es cualquier parte de ésta, sino especialmente la parte con que a uno le gusta ser llamado.
El gusto es emocional, no racional, el gusto se desprende de un disfrute, de una respuesta emotiva y afectiva sobre una relación con las cosas y las personas. El nombre propio es una palabra personal, una palabra de llamada y para llamar, un vocablo con el que se llama a alguien personalmente, no genérica, ni impersonalmente, de lo contrario perdería su fuerza relacional directa e íntima.

Es una palabra que toca un punto de inflexión central en la identidad personal, con ella se puede confirmar o desconfirmar a la persona, si ésta se omite o se distorsiona accidental o intencionalmente.
Cuando sentimos ser llamados personalmente es por nuestro nombre, aunque rigurosamente no sea necesario llamarnos sin conocer nuestro nombre, pero algo fundamental se pierde si no averiguamos ese nombre, si no nos llaman con el nombre con el que nosotros nos llamamos a nosotros mismos.
Por eso, cuando se nos llama con nuestro nombre personal, se da una comunicación entre aquel que nos nombra y la propia aceptación de ser nombrados así, se entra al umbral de la relación y a una posible intimidad con la persona, es como entrar a otra realidad, a su realidad, diferente a la propia.
Llamar al nombre personal es una comunicación también con un sentido de “propiedad” o “dominio”, quien nos nombra personalmente, se apropia de una palabra por la que puede llamarnos y recibir nuestra respuesta personal.
Y nosotros mismos nos apropiamos más de la identidad que nos pertenece al recibir el nombre al cual ligamos nuestra persona.
Nombrar el propio nombre es pues, acercarse al misterio de la persona que somos. Por raíz y voluntad. La raíz que está antes y después que nosotros, pero que sobrevivirá a través de nosotros.
La voluntad que en el proceso de convertirnos en personas, representa la fuerza interior con que elegimos ser parte de esa raíz.
Si queremos saber algo de nuestra persona y de la de los demás, es necesario comprender el nombre con que nos nombran, los nombramos y nos nombramos.

El tiempo signo de mi nombre

“Hará como diez años, en tierras de mis abuelos mayas, cuando aprendí que Yucatán era mi verdadera cuna, mis primeros sembradíos poéticos fueron diseminados por los vientos acústicos del mar y la calcárea blanca de mi pequeña patria.
Ahí aprendí los matices de los árboles, el temperamento de las aguas subterráneas y el bullicio de los animales vivos y sin celda. No imaginaba el hervor que me envolvería, cada vez que me encontraba al guna huella de mi origen , porque nadie se conoce solamente por lo que es, sino el como fue concebido. Una y otra vez las gargantas de las hojas y los imperceptibles vuelos de los insectos germinaban en mí palabras que no entendía. Un día fui de cacería con mis amigos campesinos, acampamos en torno a una candela. Un rugido nocturno me despertó con su pavura estábamos en monte alto, en la profundidad de la selva, donde las estrellas son más grandes por inmensas, donde los ojos de los felinos cohabitan con las luciérnagas.
Y un rugido se colgó de la noche para que no olvidara mi alma su zarpazo, desde entonces no puedo contener su acometida, un flamazo de miel me dejó mudo, me llenó con su espuma dolorosa, y desde entonces habló Benito Balam, que es otra forma de verme sin espejo.”
Ciudad de México
Otoño de 1986.

Soy un indio desindianizado, un mestizo que busca su indianidad arrebatada. Mi identidad es indomexicana, aunque se que mi identidad va más allá de eso, pues persona humana soy, o mejor dicho, persona estoy siendo.
La persona es el origen, motivo y razón de principios universales y derechos humanos. Por eso mismo, toda persona tiene derecho a tener un nombre. ¿Cuál era el nombre de mis antepasados/as esclavizados, violadas y muertos?, ¿cuál era su apellido?, ¿náhuatl, mixteco, maya, huichol?, ¿quién lo sabe?, ¡perdidos están en la obscuridad de la historia!.
¿Basta con olvidar y resignarnos?.
El olvido es el peor castigo que puede tener la dignidad de un pueblo, pues niega su memoria histórica, lo más sagrado de su identidad. El olvido es el peor castigo también para las personas mayores, que ya no quieren ser escuchadas, cuyos relatos de vida significan poco para las nuevas generaciones. El olvido imposibilita entrar al duelo de las pérdidas de la vida.
La forma en que los mayas sobrevivientes de la guerra de Guatemala, paciente y cuidadosamente desenterraban los restos de sus parientes, que yacían ocultos en fosas comunes, a un lado de las milpas donde el ejército los masacró. Hueso por hueso, vestimenta por vestimenta, era indescriptiblemente más allá de lo técnico legal, era un acto de la dignidad que se convierte en justicia, por la compasión y la solidaridad internacional.
En ese acto resignifico mi nombre, el nombre que nombra mi con-pasión, mi con-dolor, mi co-dignidad, mi con-gratitud. Benito Balam me nombra mi generación, mi familia, mi historia, mi espíritu. Mi nombre se convierte en certeza y misterio, en confirmación e incógnita, en camino y opción.
Pues nombrar es también un acto ético, al nombrar se identifica, se localiza, se hace visible, se presenta, se transparenta, se evidencia, se expone, se posesiona, se arriesga, se conmueve, se muere, se ama y se vive.
Cada vez que me nombro y me nombran Benito Balam, es como si fuera una bendición para la cultura del pueblo maya. No por el nombre en sí, sino por la necesidad de aceptar su patrimonio cultural hermanándonos con los pueblos indios, que son un testimonio vivo. Este es el compromiso que tengo conmigo mismo.
Benito Balam es una síntesis de esta búsqueda por reconciliar la nueva nación mestiza con las ancestrales culturas indígenas. No en una integración sino en una relación de convivencia solidaria y en un florecimiento de la riqueza pluricultural de nuestro país. Soy mestizo con una conciencia pluricultural, es decir, no sólo porque sociológicamente pertenezca a un grupo con características mestizas, sino que asumo un diálogo intercultural entre mi parte occidental y mi parte india; las cuales quiero expresarlas congruentemente en mis relaciones con las personas y comunidades indígenas.
Necesitaba llamarme de otra forma, eso venía de la raíz de la tierra, de la fuerza que emana de su Espiritu y que me invadía. Necesitaba nombrar esa nueva situación y esa nueva opción de mi vida.
¿Cómo la cultura maya, siendo algo tan ajeno a mí, resultaba ser algo tan entrañable y que me transparentaba?. La experiencia de su comunalidad en la que viví por varios años de mi vida y de la cual no me he separado desde entonces, me hizo sentirme perteneciente a una relación personal de mutua solidaridad, que apenas percibía, pero que no podía comprender aún, por mi dinámica individualista y omnipotente.
Sin embargo, esa comunalidad con la que entré en contacto era capaz de pronunciar diferente al mundo, donde yo también cabía, era capaz de pronunciarme a mí mismo e incluirme; y en ese re-nombrarme me descubrí como otro hijo de la tierra, lo que me convirtió en un peregrino portador de ese nombre suyo, con que también me había nombrado: “Balam”, gruñido de jaguar, grito de la tierra, hijo de la comunidad.
Mi nombre fue una opción más que una adopción, por eso me convirtió al nombrarme de nuevo en un mundo cultural diferente al mío, y al colocarme en un punto crucial donde no se funden, sino que se sitúan pluriculturalmente los abismos de las cordilleras de las que somos parte: el cristianismo y el indianismo.

Sueño Signo
Sueño con la fecha en que me re-nombro.

El siguiente texto no sólo es poesía, sino signo de vida, describe un sueño que es sagrado para mí. Fue escrito hace 10 años y evoca el estado de conciencia que me produjo un sueño que denomino como “sueño-signo”, por el poder sanador que ha tenido en mi autoconciencia y en mi capacidad para la autoayuda. Este sueño de diferentes maneras lo he tenido al cumplir 30 y luego 40 años, el cual me ha recordado mi nombre adoptado cuando tenía 20 años. “Mi nombre vino desde lo hondo de mí, eran mis deseos negados, mis anhelos mudos, mis motivos últimos, nutridos de generaciones. “Eran unas manos que alcanzaba a tocar en sus llagas decantadas y frágiles, unas manos que mezclaban su sangre con la mía. “Eran manos crucificadas, su viento, su signo, su luz obscura, su tiniebla sagrada, su rostro oculto, agitado de voces clamorosas y tiernas, de voces sin voz. “Era un largo canto doloroso-rumoroso-amoroso, un canto de lenguas antiguas que me hacían sentir una raíz ahuecada, donde se alojaban y nacían desde la presentación original de los siglos. “Era yo en mi ser más profundo y cierto, expuesto ante el cosmos con la conciencia poderosa de estar presente aquí. “Y era algo más, mucho más fuerte, que removía todo mi ser y colapsaba mi imaginación, porque era más que poesía. “Era la Tierra Madre, la Tierra India que me amamantaba comunicándome su dolor por sus hijas e hijos perdidos, mi alma india gemía ¡soy indio! ¡soy indio!, repetía y repetía sin cesar. “Mía es su suerte, mío su sufrimiento y sus lágrimas, mía su marginación, mía su generosidad y su alegría, mía su existencia, mía su muerte y su Espíritu. “Las llagas de sus manos y su costado abierto, mío su amor, su libertad y su esperanza. “Entonces veía como giraba mi nombre como un papalote, en el viento de obscura luz, de ese abismo nocturno y mío, inconmensurable e innombrable, pero tuyo y mío.” El asumir un cambio de nombre y hacerme llamar así desde entonces, a donde fuera y con quien fuera; fue la decisión más significativa que yo haya tomado para nombrar mi vida. Por eso, ahora me parece tan coincidente la aparición de este sueño-signo y sus periódicas evocaciones. No por mera casualidad, sino por “sincronía”, según la atinada expresión de Carl G. Jung, para entender el orden sincrónico entre el acontecimiento y su conciencia, que por el movimiento de los arquetipos en el inconsciente colectivo, que son las fuerzas internas de las culturas, se encauzan en medio de su crisis hacia una nueva armonía. Así todas las relaciones que sean humanizadas de las personas en sus comunidades y en sus pueblos, con la naturaleza, las plantas, los animales y las cosas, darán un nuevo sentido en nosotros para luchar junto al cosmos, por el lugar que nos ha tocado vivir y por el que respetuosamente aceptamos vivirlo en el tiempo, que es suyo y nuestro. Somos parte del tiempo, decía, y si humildemente lo asumimos, el tiempo será nuestro también.

28 de mayo de 2006
Imox, día de la creatividad y de los artistas.




A Piedra
Poeta Benito Balam

A Piedra Libertad2
Jose H. Delgadillo


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PUBLICADO— POR ZIBERGLASS— GRUPO 21 PLUS Y ALBERTO CERRITOS
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